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El Blog de Christian Sibaja

Columnas y Escritos

Dicen que el tiempo es oro...

Dicen que el tiempo es oro...

Tan solo golpeó la mesa fuertemente y levantándose de su silla se marchó gritando fuertemente algo que me llamó la atención: “¡yo necesito un día de 36 horas…!”.

 

Podemos tener mil cosas a nuestro alrededor, pero si hay algo que siempre decimos es que “nunca tenemos es tiempo para nada”.

 

Luego de escuchar a este compañero deseando días eternos, me pregunté si los seres humanos vivimos para el tiempo (siempre atados al reloj, a los horarios, a llegar a la hora para no ser despedido o para que reciban un trabajo final universitario), o el tiempo es para nosotros.

 

Será que esta sociedad de consumo nos ha distorsionado el concepto original del tiempo. El tiempo es para vivirlo, aprovecharlo y sobretodo saberlo administrar y disfrutar.

 

¿Cómo es posible que a muchas personas les alcanza y sobra tiempo siempre, mientras otros hacen lo imposible por correr siempre y nunca hay tiempo ni siquiera para sentarse un rato a escuchar música o leer un buen libro?

 

La “pequeña Mafalda” una vez dijo: “lo urgente nunca deja tiempo para lo importante”, y ahí me di cuenta de que quien supo distinguir la diferencia entre esos dos conceptos, ha adelantado camino hacia la felicidad.

 

Además de eso, saber organizarse y establecer prioridades es algo que puede ayudar a entender que verdaderamente el tiempo es para nosotros y no al revés. El segundo que acabas de vivir no se repetirá nunca más y por eso debes disfrutarlo y aprovecharlo al máximo.

 

Por favor, no te metas en más cosas de las que por tu experiencia sabes que puedes hacer. Haz pocas cosas a la vez para que puedas disfrutarlas y sacar provecho dando tu 100% a lo que haces. Tienes en tus manos todo el tiempo, úsalo de la mejor forma, pero con calma. Ánimo, hoy puede ser un buen tiempo para “tener tiempo”.    PyB.

 

Susurro del Silencio

Susurro del Silencio

Luego de asistir a un concierto, en donde todo estuvo lleno de luces, de emoción y obviamente del potente sonido a todo volumen, llegué a casa muy cansado, era casi la medianoche.

 

Durante el concierto me ubiqué cerca de la tarima, estaba precisamente a un lado de ella, junto a unos poderosísimos parlantes que llenaban el local del sonido de las canciones que todos coreábamos.

 

Cuando volví a casa y al prepararme para dormir, me percaté de algo que estoy seguro que en alguna situación similar a la que yo viví esa noche, habrás podido experimentar: un zumbido sin fin que molestaba a mis oídos.

 

Ciertamente ese desesperante zumbido no comenzó en mi habitación, mis oídos lo traían desde el mismo momento del concierto, pero fue hasta que estuve aislado de todo y todos, que lo percibí, interrumpiendo mi silencio.

 

Nuestros problemas, nuestras preocupaciones, nuestras tristezas, nuestras ansiedades, nuestro diario correr, son similares a esos “zumbidos” o “ruidos” que nos impiden escuchar la caricia del silencio en el que podemos encontrar cosas maravillosas; incluyéndonos a nosotros y nosotras mismas.

 

Te reto a quedarte en silencio en medio de este “loco mundo”, y apartando ese “ruido” cosas interesantes: a tu razón, a tu corazón, a tu “yo interno”, que te susurrará lo que nunca pensaste escuchar, ¡haz la prueba!

 

Queriendo-ME

Queriendo-ME

 

Existen personas que se ganan el cariño y el aprecio de quienes los rodeamos. Por ser sencillos, por ser apuntados, por ser tranquilos, por ser alocados, por ser graciosos, por ser personas que escuchan, por dejarnos caer o simplemente por estar siempre ahí.

 

Lo interesante es que si esas personas tienen la capacidad de ser así, ser especiales con los demás, ¿cómo son con ellos mismos? Más interesante aún, si esa “superpersona” eres tú, ¿cuánto de lo que das a los demás eres capaz de darte a ti mismo o a ti misma?

 

El equilibrio entre dar y darse es en muchas ocasiones muy difícil de llevar, porque en nuestro afán de escuchar, ayudar o acompañar a los demás, estoy “vaciando” mi fuerza dándola a los otros, y luego no puedo invertir tiempo en volver a “llenarme” de nuevo.

 

No quiero decirte que sea malo dar todo por los demás, lo que quiero decirte es que nadie puede intentar dar lo que no tiene. Hay personas que son expertas en escuchar, pero no se dan el chance de que las escuchen; que son buenas en acompañar pero al final del día se sienten solos; que hacen su mejor esfuerzo por dar un consejo y cuando se dan cuenta, aún sin esperarlo, el consejo que dieron estaba dirigido a ellos y ellas mismas.

 

Déjate amar por los demás, tú también necesitas ser escuchado de vez en cuando, y así te será más fácil descubrir nuevas palabras que compartir cuando alguien te llegue a buscar. Recuerda que queriendo-ME, podré querer y dar lo mejor de mi. PyB.